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SOY LA RESPONSABLE DE LO SUCEDIDO |
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Para mediados de año
decidimos con mi marido hacer algunas reparaciones en casa para cambiar
el piso del comedor y la cocina así como renovar los muebles de esta última. Para ello contratamos un
maestro albañil de unos 50 años quien vendría con dos ayudantes. Justo cuando empezaron la
obra a mi marido le surgió un trabajo en el interior del país y se tenía
que marchar por alrededor de una semana, así que de repente, me quedé
sola supervisando los arreglos. Ese fin de semana, cuando
ya estaban trabajando los hombres, tuvimos mucho sexo a manera de
despedida. Como yo soy bastante ruidosa al hacerlo, cuando bajamos de la
habitación después de haber pasado buena parte de la tarde cogiendo,
los albañiles nos miraban con curiosidad y sobre todo a mí. Creo que me ruboricé un
poco pero no estaba arrepentida porque la habíamos pasado de maravillas
con mi esposo. Habíamos hecho de todo y estábamos extenuados. El lunes comenzaba unas
vacaciones que me había pedido en la oficina a raíz del viaje
inesperado de mi marido. Alguno tenía que supervisar a los albañiles,
no podíamos dejar la casa sola todo el día. El primer día bajé con
unos pantaloncitos muy chicos y un top. Mientras desayunaba me dí
cuenta que los hombres me miraban constantemente. Deduje que era por mis
grititos del fin de semana pero al bajar la mirada noté que mis shorts,
que me quedaban algo flojos, dejaban ver los vellos de mi vagina dado
que los albañiles estaban trabajando en el suelo. No hice nada para
evitarlo en ese momento ya que me excitó la idea de que mi presencia
los estaba calentando. Terminé y subí a mi
habitación y como mi excitación no cesaba comencé a masturbarme. De pronto escuché la voz
del maestro albañil y dejé lo que hacía y me asomé por las
escaleras. Me preguntó algunas cosas de los arreglos no sin antes
mirarme de reojo desde abajo por debajo de mis pantaloncitos. Después
regresé a mi cuarto para bañarme y arreglarme porque tenía una reunión
con un par de amigas. Los siguientes días seguí
haciendo lo mismo. Bajaba en shorts o minifaldas pequeñas y hasta
algunas veces con una camisola larga nada más. De ese modo mis piernas
y nalgas eran miradas sin disimularlo por los trabajadores. Un día bajé con un
diminuto traje de baño y salí al patio trasero dispuesta a tomar sol.
Estuve leyendo un rato y me moví de diferentes formas mientras notaba
que ellos, a través de una gran ventana que da al pie, observaban mis
movimientos. Cuando me avisaron que irían
a comer me relajé y empecé a dormitar un poco cuando de repente escuché
un ruido y miré de reojo al ventanal que era de vidrio ahumado. Como
tenía lentes oscuros no se me veían los ojos. Fue cuando noté que el
jefe de los albañiles me observaba y de pronto aprecié un movimiento
raro en él. Me moví como si estuviera
dormida de modo que pudiera ver más claro por debajo de los lentes y ví
que sostenía en su mano una enorme verga y se estaba masturbando
mientras me observaba. Comencé a excitarme. El viernes seguía con mi
rutina de bajar con poca ropa para que los albañiles disfrutaran de mi
cuerpo. Me avisaron que ese día
se irían temprano porque tenían que visitar otra obra y aproveché
para decirles que cerraban bien todo porque tenía una reunión con los
compañeros de oficina y por ahí llegaba un poco tarde. El brindis con mis amigos
comenzó con una copa de champagne y luego sirvieron canapés y todo
tipo de bebidas. Seguí con el vino blanco pues me fascina y me tomé
como cuatro copas. Cuando volví a pedir me dijeron que se había
terminado así que seguí whisky haciendo una mezcla para nada
aconsejable. Como es fácil de imaginar
al rato estaba mareada y mis amigas me metieron en un taxi, no sin antes
indicarle la dirección dónde tenía que bajar porque yo no respondía
de mí. Entré a la casa
tambaleando y me senté en un sillón del living y no se todavía por qué
me quité toda la ropa y empecé a acariciarme y a masturbarme. Estaba
extrañando a mi esposo porque ya hacía unos cuantos días que se había
marchado. Recordé que teníamos un
vibrador y fotos nuestras desnudos y haciéndonos el amor guardadas en
el cuartito de servicio y me dirigí hacia él a buscarlas para seguir
masturbándome. Abrí la puerta del mismo
y cual fue mi sorpresa al encontrarme al maestro albañil desnudo y con
las fotos que yo buscaba en sus manos. Se estaba masturbando también.
Al ver aquello quedé atónita. El hombre me miró y yo no
sabía qué hacer. Me quedé mirando su enorme y gruesa pija, con la
cabeza enrojecida por la erección cuando de pronto se levantó y acercándose
a mí me dijo que ya nada de eso era necesario porque me tenía a mí. En ese momento reaccioné
y me dí cuenta que estaba completamente desnuda. Sentí sus toscas y
grandes manos que se apoyaron en mi cintura y como empujaba mi cuerpo
hacia él. Me besó en la boca metiéndome su lengua y no supe qué
hacer. Entonces su cuerpo se pegó
al mio y sentí como su pene erecto se incrustaba entre mis piernas
mientras él seguía besándome el cuello hasta llegar a mis tetas, las
que comenzó a succionar. Sus manos se apoderaron de mis nalgas y traté
de alejarlo pero la verdad no tenía las suficientes fuerzas para
hacerlo dado mi estado. Apretó mis nalgas elevándome
hacia su verga que empezó a tallarme la vagina por el frente mientras
que las mamadas de tetas y las sobadas de nalgas comenzaban a surtir
efecto en mí. Uno de sus gruesos dedos
comenzó a acariciarme el culo y sentí como las piernas se me doblaban
y la excitación me subía de golpe. Abrí las piernas y la verga
encontró lugar en medio de ellas. Las cerré nuevamente y el tallar de
la pija hizo que me humedeciera como nunca . El albañil se levantó y
me tiró literalmente en el catre que teníamos ahí y se avalanzó
sobre mí. Me seguía sobando las tetas, me besaba, me mamaba, me hacía
de todo y yo para entonces estaba disfrutando como loca de la situación
hasta que de pronto sentí como su gruesa pija se abría paso en mis
labios vaginales. Reaccioné nuevamente y
traté de evitarlo al tiempo que le decía que no, pues si iba a suceder
quería que tuviera puesto un preservativo. No quería correr riesgos inútiles. No me dio tiempo a nada.
De un golpe y sin dificultad alguna por la gran humedad de mi conchita,
su verga se abrió paso y sentí como el enorme falo me llegaba hasta el
fondo. Ello provocó que me arqueara y él comenzó a moverse rápidamente
afianzado de mis nalgas. Me seguía acariciando las tetas y yo por los
efectos del alcohol nuevamente me relajé y comencé a pujar y a moverme
disfrutando de la pija que tenía adentro. Recuerdo que el albañil
me decía que hacía rato que quería metérmela. Que estaba muy
caliente conmigo. Que lo había excitado mucho en estos días mostrándome
casi desnuda y que por ello ahora había encontrado lo que tanto anduve
buscando. Yo seguía meneándome
aumentando mi calentura hasta que de pronto el comenzó a hacer unos
movimientos que delataban que estaba por acabar. Me vino un gratificante
orgasmo mientras me aferraba a su espalda y mi abdomen comenzaba a
convulsionarse. Con las piernas lo aprisioné hacia mí para que no se
moviera y la mantuviera adentro. Lo solté lentamente y
siguió nuevamente con sus movimientos. Yo metí la mano izquierda entre
los dos y le alcance la verga y los huevos y comencé a acariciárselos.
De pronto el tipo se pegó a mi cuerpo y con los dientes me mordió
levemente una teta y simultáneamente sentí como su verga se descargaba
y llenaba de leche caliente mi vagina. Luego se quedó sobre mí
descansando y yo acabé agotada quedándome dormida. Desperté de madrugada en
mi cuarto y sentí algo raro. El albañil estaba sobre mi, yo me
encontraba boca abajo y el metido entre mis piernas. Sentí nuevamente
su gran excitación y en ese momento sentí dolo. Todavía algo aturdida
por los efectos del alcohol no lograba coordinar bien. Volví a sentir
dolor y metí mi mano debajo y cuando estaba por tocarme la vagina sentí
todo el peso de su cuerpo sobre mis nalgas y su verga perforándome el
culo. Me estaba cogiendo donde nunca me había dejado. Solté un quejido
y volteé tratando de verlo y le dije que la sacara porque me dolía. El albañil estaba tan
caliente que hizo caso omiso a mi petición y siguió con su tarea. Comenzó a moverse
lentamente hasta que, luego de un rato de estar sufriendo con la verga
tan gruesa dentro de mi culo, el dolor aflojó y el placer afloró,
haciendo que en las repetidas embestidas tuviera un par de orgasmos
antes que mi culo se inundara de semen. Nuevamente me quedé
dormida y cuando desperté tenía su enorme pija a las puertas de mi
boca. Quiso que se la mamara sin sacarla para nada de la boca pues
cuando hice el intento le ví las intenciones de pegarme. Me sobaba las
tetas y yo le acariciaba los huevos. Luego de un rato la verga estalló
llenándome de líquido toda la boca y la cara. Me gritó que me tragara
toda su leche así que obedecí al tiempo que comencé a espantarme. Luego se recostó y yo
también hasta quedarme dormida. En la mañana me despertó y nuevamente
me cogió hasta que se corrió nuevamente dentro de mí. Yo ya no
disfrutaba nada pues me dolía todo el cuerpo. Después de un rato se
marchó y por la tarde volvió con sus ayudantes como si nada hubiera
pasado. A la tarde recibí un
llamado de mi marido que me decía que no llegaría hasta el domingo a
la noche. No le dije nada de lo ocurrido y no se si lo haré ya que en
parte soy la principal responsable de que esto hubiera sucedido.. Al bajar a comer obviamente lo hice más tapadita. Relato
enviado por Piru pirueuge@hotmail.com |